Geografía de la corrupción en la Región de Murcia [Opinión]

el . Publicado en José Antonio Pujante

¿Por dónde empezar? Tengo abier to en el ordenador un PDF que contiene un trabajo publicado por una revista de geografía de la Universidad de Sevilla, de fácil localización en internet, y que lleva por título 'Georreferenciando la corrupción urbanística en España'.

 

 

 

La metodología utilizada para su elaboración es compleja. Abusando del ratón en busca de ilustraciones que nos desvelen gráficamente las conclusiones que vamos buscando, uno se detiene en seco en la página 925 de la publicación universitaria. Un mapa de España con sus regiones, provincias y municipios nos informa, coloreando sobre su silueta, de «los municipios afectados por casos de corrupción urbanística en España entre 2000 y 2008». Las manchas son similares a esos destellos dorados de los mapas que muestran la contaminación lumínica de nuestros cielos, o a aquellos otros que recogen, con puntos rojos de distinto calibre, la sismicidad de nuestros suelos.

La Región de Murcia es la más contaminada de corrupción de todas. El color cubre las siluetas de todos los municipios litorales murcianos, pero, a diferencia de otras comunidades autónomas costeras, en nuestra Región, esas manchas se extienden como un tsunami hacia el interior, y prácticamente inundan por completo el mapa regional.

¿Qué factores diferenciales han podido contribuir a dar tanto color a nuestra Región? Posiblemente muchos: históricos, sociales, culturales, económicos. Yo les voy a hablar de la influencia que, creo, ha tenido uno de carácter político puramente instrumental: el peculiar sistema electoral de la Región de Murcia. Pergeñado en los primeros ochenta del siglo XX por el PSOE de la Región, para ganar la mayoría absoluta del parlamento regional aunque no se ganase a la mayoría absoluta de la ciudadanía. Mediante la técnica «murcianizada» del 'gerrymandering', se procedió al cuarteamiento electoral de Murcia en cinco circunscripciones. Desde las primeras elecciones autonómicas los votos de los murcianos nunca han valido igual, y por ello la Ley electoral murciana ha sido una máquina de fabricar mayorías absolutas –ocho de ocho– robando la representatividad de opciones como IU. Una anomalía democrática que nos singularizada del resto de España, y que en mi opinión es corrupción en si misma y fuente de corrupción.

En el auto del TSJ que recoge la imputación del actual delegado del Gobierno de España y anterior consejero murciano, en el enésimo caso de corrupción urbanística, el Magistrado habla de «sincronización total» entre los responsables políticos del Ayuntamiento de Cartagena y los de la Comunidad Autónoma. En una materia como el urbanismo, donde cualquier aprobación importante requiere del concurso de ayuntamientos y administración regional, sin esa comunidad de intereses, sin esa «unidad de acción», que solo ha sido posible por esas mayorías absolutas fabricadas artificialmente mediante unas reglas de juego antidemocráticas, hoy, el delegado del Gobierno quizás no tendría que haberse acogido a su derecho a no declarar ante los tribunales que lo van a juzgar. Su silencio de hoy trae causa, entre otras, también de aquella Ley electoral de entonces.

 

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