De Cayo a Alberto

el . Publicado en José Antonio Pujante

El pasado fin de semana viví en directo un momento que será parte de la historia de la formación política a la que estoy ligado desde su creación hace casi tres décadas. Cayo Lara, Coordinador Federal de Izquierda Unida, anunció su decisión de no ser candidato a la Presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales.

Cayo llegó hace apenas unos años a la cabeza de una organización política en crisis, con el apoyo de poco más de la mitad de la misma. Qué paradoja, en un país como el nuestro, que quien vino con la mitad del aplauso de los suyos, decida hacerse a un lado cuando concita el reconocimiento de la práctica totalidad de IU. La decisión de Cayo, que por algo nació, se crió y llegó a ser alcalde de ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiso acordarse Cervantes, es a un tiempo del Quijote y Sancho; idealista y pragmática, generosa e inteligente, grande y humilde.

De Cervantes a Delibes, siempre recordaré a Cayo en Lorca, buscando tocayos el día después del terremoto que asoló mi pueblo hace tres años. Mientras el presidente del gobierno, ministros de todos los ramos, consejeros de las cosas, alcalde y concejales, paseaban por el centro de Lorca rodeados de cámaras y alcachofas, prometiendo lo que nunca después llegó; Cayo, sin disputar votos a nadie, y sin las luces de las cámaras, visitaba de la mano del concejal lorquino de IU, Pedro Sosa, las viviendas destrozadas del barrio de San Cristóbal.

La decisión de Cayo ha recibido, por lo general, análisis elogiosos de periodistas, opinadores, e incluso políticos de otros partidos. Me han sorprendido en cambio las palabras de un dirigente de la nueva formación emergente, a la que muchas ideas comunes nos unen, enmarcando la decisión de Cayo en el "plan renove" de la política española que ellos habrían iniciado desde el mayo pasado. Esas palabras me han traído a la memoria una de esas frases célebres, en este caso de Mark Twain, que uno se encuentra impresa en los azucarillos del café: "cuando tenía catorce años mi padre era tan ignorante que no podía soportarle, pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que mi padre había aprendido en siete años".

Sea como fuere, Cayo se hace a un lado en la disputa por la Presidencia del Gobierno, continúa, eso sí, en la coordinación federal de Izquierda Unida, y deja paso a un político joven, sobradamente preparado, que concita dentro tantas adhesiones como Cayo, que posee una extraordinaria proyección en la sociedad, que ya ocupa escaño en el Congreso, y que en su quehacer político demuestra cada día su compromiso con los mejores valores de la izquierda política y social. Esos valores de dignidad, compromiso, honestidad y trabajo que han estado y están en el frontispicio de nuestra organización. Valores esenciales en los tiempos que corren, y por los que Alberto Garzón podrá presidir en un año el gobierno de España, sin que nadie tenga que recordarle frases célebres de Mark Twain.

Artículo publicado en La Verdad de Murcia el 20 de noviembre de 2014.

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