
OPINIÓN: La Región y la reforma laboral
Desde la aprobación del Estatuto de los Trabajadores (1980) todas las reformas laborales, excepto esta última, han tenido una misma orientación: facilitar el despido de trabajadores/as, dar mayor poder a las empresas para modificar las condiciones laborales unilateralmente, devaluar los salarios hasta el máximo posible y reducir la capacidad negociadora de los sindicatos. Toda una estrategia para desequilibrar la relación capital-trabajo en favor del primero a costa del segundo.
La reforma laboral del PP de 2012 ha ahondado más que ninguna otra en dicha estrategia, no con la finalidad de superar la crisis que provocó la quiebra financiera y el estallido de la burbuja inmobiliaria, como se justificó en su momento, sino de aprovecharla para profundizar en la orientación antes descrita. Es la llamada ‘doctrina del shock’. La prueba es que no se han alcanzado ninguno de los principales objetivos que la justificaron (reducción de la temporalidad, creación de empleo), sino todo lo contrario.
Los datos en nuestra región así lo demuestran: la tasa de temporalidad se ha mantenido hasta 2019 en torno al 33% con picos del 35,6% (INE); la contratación indefinida disminuyó del 9,7% (2005-08), hasta el 6,7% (2013-2018); los salarios más bajos cayeron un 14% entre 2009 y 2013 y tardaron seis años en recuperarse, mientras los salarios más altos subieron un 20,3% en el mismo periodo (INE); los 4.359 contribuyentes del impuesto de patrimonio incrementaron sus rentas en el periodo 2013-19 en cuatro mil millones de euros con un incremento patrimonial medio de 0,8 millones por contribuyente (EATE). Y finalmente, la tasa de paro antes de la pandemia todavía era 2,5 veces superior a la de junio de 2007.La reforma laboral necesariaMarisol Sánchez Jódar
Estos datos son consecuencia de medidas introducidas en aquella reforma, como la prevalencia del convenio de empresa, el predominio de la contratación temporal, con un abuso, además, fraudulento encadenando contratos hasta el infinito, o la eliminación de la ultraactividad de los convenios; medidas todas ellas que han debilitado la negociación colectiva y perpetuado la precariedad laboral.
Todo esto es lo que vienen a cambiar la nueva reforma laboral y también los sucesivos incrementos del SMI y es lo que quiere mantener el PP con su permanente oposición y constante negativa. Probablemente la reforma no contenga todas las medidas que hubiéramos deseado, pero trae las suficientes para empezar. Ahí está, si no, el dato histórico de contratación indefinida del mes de enero.
Fuente: laopiniondemurcia.es
