Las banderas rojas del mar menor

En la manifestación por el Mar Menor de hace unos días, presencié una escena incómoda. Un grupo de personas de los colectivos organizadores de la movilización se dirigió al bloque de Izquierda Unida para solicitarle que arriara aquellas de sus banderas que contuvieran las siglas de la organización. Cuando viví este momento, me vinieron a la memoria dos hechos acaecidos décadas atrás. El primero de ellos tuvo lugar alrededor de 1990. Los grupos ecologistas habían instalado en la Plaza de San Francisco de Cartagena unos paneles reivindicando la condición de Calblanque como parque natural. La exposición estuvo apoyada por personas y cargos públicos institucionales de la izquierda de la época (en el término izquierda no incluyo al PSOE). En un momento dado, un numeroso grupo de propietarios de terrenos y agricultores de la zona de los Belones irrumpió en la plaza, arremetiendo contra los paneles y agrediendo a quienes pedían explicaciones por esa actitud violenta.

El segundo hecho tuvo como escenario el ayuntamiento de Águilas, en torno a 1996. Las fuerzas políticas del Consistorio se pronunciaban sobre la protección de la Marina de Cope, y en ese debate el concejal de IU Antonio del Campo mantuvo una posición de firme defensa de los valores ambientales de la zona, lo que le acarreó agresiones físicas por parte de propietarios y agricultores que habían depositado sus esperanzas en la consecución de importantes plusvalías mediante las pertinentes recalificaciones de terrenos, en el contexto del feroz proceso especulativo que vivía todo aquel extraordinario paraje.

Vengo a contar todo esto para reivindicar la memoria de la lucha ecologista, cuyo componente político en las instituciones, con sus luces y sombras, se correspondía con las siglas de la izquierda política hasta entonces existente(a partir de 2015 se incorpora Podemos). Una lucha en solitario, incomprendida, que costó disgustos(como los que hemos relatado) a sus protagonistas, que en determinados períodos vieron mermadas sus posibilidades electorales por la coherencia en la defensa de sus posiciones, en unos momentos en los que la gran mayoría de la población estaba absolutamente seducida por una economía depredadora que hacía correr el dinero pero también las escorrentías contaminadas hacia el Mar Menor, provenientes tanto de un urbanismo salvaje como de una agricultura que no guardaba compasión alguna hacia la tierra y el agua, por no hablar de los metales pesados provenientes de una Sierra Minera abandonada.

Y al igual que quien se dejó la piel defendiendo un medio ambiente limpio dentro de una economía sostenible tiene nombres y apellidos, quienes inundaron el territorio de mares de plástico y cemento también los tienen. Son los promotores y constructores que, compinchados con alcaldes del PP y del PSOE, construyeron donde y como les dio la gana, invadiendo los cauces y el litoral. Son las agroindustrias que expandieron ilegalmente una agricultura intensiva devastadora de la tierra y de la albufera marmenorense, lo cual no pudieron perpetrar sin que el PP que gobierna la Comunidad autónoma mirara para otro lado y sin que el PSOE que dirige la CHS hiciera la vista gorda. El crimen tiene unos autores empresariales concretos, pero también unos cómplices, en el mundo del bipartidismo, sin cuyo concurso necesario no hubiera sido posible el hecho delictivo.

Quizá sea por esto por lo que, desde el poder, se ha hecho un esfuerzo por despolitizar la indignación masiva que cruzó Cartagena. En un doble sentido: diluyendo la responsabilidad política (los culpables habrían sido los políticos en general) y obviando la naturaleza de fondo del modelo productivo que está en el origen del desastre. Se trata de salvar el sistema político y económico que subyace a la imagen de los peces muertos en la albufera.

Ahora hay banderas rojas en el Mar Menor que advierten de lo insalubre de su baño. Pero durante décadas hubo otras banderas rojas, las que portaba la izquierda que en solitario defendía ese espacio único, cuyo arriado se pide ahora en una manifestación a la que también asisten los asesinos de aquellos peces.

Fuente: laopiniondemurcia.es

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