OPINIÓN: Ley de Atención Temprana: peor imposible

Hoy se aprueba en la Asamblea Regional la ley por la que se regula la intervención integral de la Atención Temprana (AT) en nuestra región. Seis años y treinta borradores después, Isabel Franco, con una actitud despreciativa hacia los/as profesionales, ha sido incapaz de consensuar un texto que solucione los déficits de este servicio en nuestra región que, sin embargo, es un referente nacional en cuanto a su práctica y desarrollo.

Es innegable que el servicio de AT necesita de una regulación (somos la única Comunidad carente de ella) que armonice la red privada-concertada existente en Murcia y Cartagena con la red pública desplegada en el resto de municipios y que elimine el copago en centros concertados garantizando así los principios de gratuidad y de universalidad, al amparo de lo establecido en la Convención sobre los Derechos del Niño/a.

Sin embargo, el texto que hoy saldrá de la Asamblea tiene la extraordinaria virtud de no arreglar ninguno de los problemas pendientes, no regular nada de lo necesario y eliminar lo que hasta ahora funciona bien; todo al mismo tiempo.

Veamos. La ley no recoge las condiciones mínimas que han de reunir los centros de Desarrollo Infantil y Atención Temprana (CDIAT) ni la cartera de servicios de la intervención en AT ni la estructura y condiciones de la Red Pública de AT: lo pospone todo en el plazo de un año.

Establece, no obstante, un baremo que especifica los tipos de trastornos del desarrollo y sus tratamientos correspondientes, pero excluyendo el tratamiento preventivo, necesario en el caso de niños/as prematuros/as, susceptibles de padecer un trastorno del desarrollo, aunque aún no se manifieste. Se restringen así los principios de universalidad y gratuidad al obligar a las familias de estos niños/as a buscar soluciones en centros privados.

Pero el mayor ataque de la nueva ley al actual sistema regional de AT es la implantación de un nuevo procedimiento de acceso a la prestación en sustitución del actual, ágil, eficaz, directo, acogedor y rápido y en el que las familias son derivadas por el pediatra o acuden directamente al CDIAT donde los especialistas comienzan la valoración y el tratamiento de manera simultánea y siempre interrelacionada, por otro farragoso, burocratizado, deshumanizado y lento que disocia las funciones de los especialistas, asigna procesos de valoración a otros equipos que nada tienen que ver con la AT y ralentiza el tratamiento. Peor, imposible.

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